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 Asunto: Re: Excursion a Sierra Nevada. Subida al Cerro de los Machos
NotaPublicado: Lun Jun 17, 2013 8:47 pm 
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Registrado: Mar Mar 21, 2006 8:28 pm
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Hola a todos!!

Muchas gracias por una excursión inolvidable. Para mí ha sido un auténtico bautismo montañero.

Pongo unas fotillos para el recuerdo.

Un abrazo!!!


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Comentario: Listos y dispuestos para comenzar la marcha.
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Comentario: Localizando a los compañeros de fatigas.
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Comentario: Avistando nuestro objetivo. Pico de Los Machos en la izquierda de la foto.
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Comentario: Comenzando la ascensión por la nieve. La vela que va delante es la que alumbra.
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IMG_3502.JPG [ 39.2 KiB | Visto 3527 veces ]
Comentario: Progresando barranco arriba.
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Comentario: Progresando sin prisas pero sin pausa.
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IMG_3520.JPG [ 35.87 KiB | Visto 3527 veces ]
Comentario: Y el barranco va quedando atrás.
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IMG_3524.JPG [ 31.18 KiB | Visto 3527 veces ]
Comentario: Hemos coronado!!! Las vistas son maravillosas. Una gran recompensa a nuestro esfuerzo.
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IMG_3535.JPG [ 53.15 KiB | Visto 3527 veces ]
Comentario: Pero por delante nos quedaba un duro camino hasta encontrar refugio. Y literalmente lo encontramos, porque estaba enterrado en nieve. Salvados por la campana.
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IMG_3536.JPG [ 45.76 KiB | Visto 3527 veces ]
Comentario: Retomamos la marcha muy de mañana.
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Comentario: Descendiendo pos las pistas de la estación de ski. ¿A alguien le sobran unos esquís?
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IMG_3543.JPG [ 34 KiB | Visto 3527 veces ]
Comentario: Continuamos bajando ya sin nieve. La dificultad está en sortear los cortados y los arroyos.
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IMG_3552.JPG [ 89.31 KiB | Visto 3527 veces ]
Comentario: Juan Miguel lidera el descenso sin que perdamos un paso, sin GPS ni gaitas.
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Comentario: Nos queda una buena bajadita y ya es mediodía.
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IMG_3555.JPG [ 39.09 KiB | Visto 3527 veces ]
Comentario: Una parada para echar un trago y admirar las vistas desde el Barranco de San Juan
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IMG_3556.JPG [ 45.47 KiB | Visto 3527 veces ]
Comentario: Despedida y cierre. Joaquín toma la foto. Muchas gracias por un fin de semana inolvidable. Un abrazo, Julio.
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 Asunto: Re: Excursion a Sierra Nevada. Subida al Cerro de los Machos
NotaPublicado: Mar Jun 18, 2013 3:16 pm 
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Registrado: Dom Mar 20, 2011 10:16 pm
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Ubicación: Gines(Sevilla)
Buenas tardes a todos.

Prometo subir reportaje esta tarde, y si no llego, al menos enlace a las fotos.

De momento os dejo el perfil que me devuelve Wikiloc.

Saludos,
jm


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Los Machos 2013 perfil.JPG
Los Machos 2013 perfil.JPG [ 99.14 KiB | Visto 3511 veces ]
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 Asunto: Re: Excursion a Sierra Nevada. Subida al Cerro de los Machos
NotaPublicado: Mar Jun 18, 2013 10:10 pm 
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Registrado: Dom Mar 20, 2011 10:16 pm
Mensajes: 139
Ubicación: Gines(Sevilla)
Hola a todos,

Dejo el relato de la ruta a Bernardo que nos lo ha prometido.

La colección completa de fotos la he publicado en los siguientes enlaces:
https://plus.google.com/photos/105262274893570514714/albums?banner=pwa&gpsrc=pwrd1#photos/105262274893570514714/albums/5890850753031240081

https://plus.google.com/photos/105262274893570514714/albums?banner=pwa&gpsrc=pwrd1#photos/105262274893570514714/albums/5890857820065158417

https://plus.google.com/photos/105262274893570514714/albums?banner=pwa&gpsrc=pwrd1#photos/105262274893570514714/albums/5890869550207586993


Iniciamos el Viernes 14 de Junio en dos grupos, Joaquin y yo a las 15:30; Bernardo, Marcos, Julio y Carlos sobre las 21:40.

Nota: Las líneas rojas son posibles senderos alternativos para otra ocasión.

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El sábado no demasiado temprano nos reunimos, pero Joaquin decide cambiar de ruta :_( :doh y visitar cueva secreta mientras nosotros tiramos pal monte.

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Y el domingo 16, para abajo. :diable :drink :drink :diable :marti

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Nos vemos a final de junio !!!!!!!!! :bote :bote :bote


Última edición por Juan_Miguel el Mié Jun 19, 2013 9:37 am, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Excursion a Sierra Nevada. Subida al Cerro de los Machos
NotaPublicado: Mié Jun 19, 2013 9:20 am 
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Registrado: Mar Mar 14, 2006 12:18 am
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Ubicación: Triana
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Enhorabuena a los valientes.

:ok


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 Asunto: Re: Excursion a Sierra Nevada. Subida al Cerro de los Machos
NotaPublicado: Vie Jun 21, 2013 12:44 am 
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Registrado: Mié Mar 15, 2006 1:48 am
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Ubicación: Donde me soporten
Hola familia.

He estado de viaje y no he podido parar ni un ratito. Espero subir las fotos este finde. Mientras tanto os dejo un aperitivo.

¡Muchas gracias por las fotos que habéis subido!


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Hay dos cosas que no soporto: Una de ellas es la mala memoria, y la otra no la recuerdo.
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 Asunto: Re: Excursion a Sierra Nevada. Subida al Cerro de los Machos
NotaPublicado: Jue Jun 27, 2013 12:33 am 
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Registrado: Dom Mar 26, 2006 1:07 pm
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Mi enhorabuena a los expedicionarios por su hazaña :ok y sobre todo por mantener el espiritu montañero en el club, un tanto decaido últimamante. :-)

Estupendos esos reportajes, es complicado con ese esfuerzo entrenerse en hacer una foto. :ok

Espero que esta experiencia también anime a los novatos en la nieve a practicar más tecnicas para acometer otros retos mayores siempre del lado de la seguridad. :-)


Última edición por Norberto el Jue Jun 27, 2013 7:12 pm, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Excursion a Sierra Nevada. Subida al Cerro de los Machos
NotaPublicado: Jue Jun 27, 2013 4:07 pm 
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Registrado: Jue Mar 31, 2011 9:02 pm
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Ubicación: Los Bermejales
Mi enhorabuena y admiración :ok ; :eek ; :eek ; :ok ; al grupo de los cinco por el enorme esfuerzo realizado por coronar el Cerro de Los Machos. Objetivo conseguido de Sierra Nevada 2013, sí señor. Se las dí el domingo 16junio conforme iban llegando al barranco de S Juan y se las vuelvo a dar ahora, se lo merecen. Como sabeis por Juan Miguel, decidí ya el mismo viernes por la tarde, cejar en el empeño de seguir ascendiendo los 1.500 m de desnivel que aun quedaban , y tomar otra ruta alternativa diferente el sábado por la mañana cuando nos encontráramos con el resto del grupo, sería la de Cueva Secreta, con unas exigencias adaptadas a mis condiciones físicas del momento que bajaron a mínimos inesperados, ¿pájara, calor reinante, pedazo de guiso de rabo de toro que nos hincamos antes de emprender el sendero de La Estrella, ó de todo un poco....? , vaya Ud a saber....no pasa naaaa..... Así es la montaña.
Un abrazo a todos.
Joaquín.


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 Asunto: Re: Excursion a Sierra Nevada. Subida al Cerro de los Machos
NotaPublicado: Jue Jul 11, 2013 12:45 am 
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Registrado: Mié Mar 15, 2006 1:48 am
Mensajes: 204
Ubicación: Donde me soporten
Bueno, por fin he podido subir mis fotos.

Quien quiera descargárselas en alta resolución sólo tiene que entrar en el álbum de fotos de google, lo he hecho público.

https://plus.google.com/photos/10102882 ... 5341878817

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Hay dos cosas que no soporto: Una de ellas es la mala memoria, y la otra no la recuerdo.


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 Asunto: Re: Excursion a Sierra Nevada. Subida al Cerro de los Machos
NotaPublicado: Mar Jul 23, 2013 3:23 pm 
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Registrado: Mié Mar 15, 2006 1:04 am
Mensajes: 415
Ubicación: Graná
Como no llevaba cámara de fotos, ya que esta ni abriga ni se come, utilizo una para mi nueva forma de "colocar películas", que, más que los detalles físicos, retratan el espíritu de la excursión, claro está, desde mi punto de vista.
Juan Miguel, Marcos, Julio, Carlos y todos los demás, espero que disfrutéis leyéndolo tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.
Abrazos para todos. Bernardo

Relato de la subida al Cerro de los Machos (3.327 m.). Sierra Nevada. Junio 2013

Llega, un año más, la excursión de junio, la que me corresponde organizar a mí. La verdad es que esta excursión supone para algunos uno de los momentos más ansiados del año y yo, particularmente, me siento orgulloso de organizársela al CLUDIIS, disfrutándola como el que más y ya desde las raíces más profundas de sus preparativos, preocupándome por no defraudar a los auténticos montañeros que esperan también impacientes la llegada de esta cita con los tresmiles de nuestra Sierra Nevada.
Ser montañero va más allá de la mera pertenencia a un club o incluso de la posesión de una tarjeta federativa. Ser montañero es, sencillamente, eso: ser montañero. Ante esta definición, habrá quien necesite más aclaraciones, pero, ¡ay! en ese caso no estaríamos ante un verdadero amante de la montaña. Para que se intuya al menos el sentido de tan aparentemente escueta afirmación, diré que la montaña admite un símil casi perfecto con el sexo: algunos excursionistas se conforman solamente con el hecho de ir a la montaña, “con todo atado y bien atado”, como turistas a través de una agencia de viajes, garantizándose de esta manera el triunfo de subir al pico, como si de una feria de atracciones se tratase, queriendo tener la seguridad del éxito de la “aventura” y no admiten, por orgullo o vanidad, el tenerse que retirar, perdiéndose así todo un cúmulo de sensaciones, percepciones y sentimientos. No entienden en este caso palabras como compañerismo, solidaridad, sacrificio, incertidumbre, miedo, riesgo, etc... En paralelo con esta idea, es como si el sexo que practicas con tu pareja se limitara a unos cuantos tocamientos y besos, perdiéndote un sinfín de sensaciones placenteras que no creo necesario describir en este relato.
Inicio la excursión abriendo en el foro la intervención “Subida al cerro de los machos”, al mismo tiempo que envío el borrador de la circular informativa al Colegio. A esta intervención responden diferentes personas, como puede leerse en las intervenciones de más arriba. Por medio de la comunicación en el mismo foro y por vía telefónica se forma finalmente el grupo de los que vamos a comenzar la excursión. Ya con el grupo formado creo un grupo de “guasa” (Whatsapp), por el que nos ponemos de acuerdo en todos los preparativos, pues me parece este un medio más apropiado que el foro general para la concreción de detalles y así también para obviar destructivas intervenciones.
De las muchas intervenciones en el “guasa”, hago una que reza así literalmente:
En este tipo de excursiones y en todo la velocidad xel grupo es la del mas lento si tienes prisa ayudale.
Pero el mas lento debe plantearse no ir para no estropearle la excursión a los demás
Filosofía pura
Pero carlos tu lo has dicho hat
Y en otra intervención escribo, como continuación de la anterior:
Lo has dicho hay gente con mucha ilusión en esta excursión, yo por ejemplo
Con excepción de Joaquín, valorándolo ahora exclusivamente como montañero, el grupo que se forma me parece estupendo, aunque yo quiero aumentarlo, más por un deseo de compartir la excursión con gente que me gustaría que viniera que por cualquier otro motivo.
Querría incorporar al grupo a Pepe Delgado, pero no hay manera de hacerlo, dice estar muy ocupado. En habla con Norberto a raíz de un tema diferente al que nos ocupa, me veo algo obligado decirle que venga a esta excursión. Después de todo, es la persona a quien yo mismo nombré presidente del CLUDIIS, pero le invito a que venga sin Candela, aunque él ve complejo el asunto, no sé si se refiere al hecho de venir sin Candela o a la propia organización de la excursión. Como me había llamado Rafael, de Cádiz, y me había comentado su interés en venir a esta excursión, le devuelvo la llamada para ver si finalmente va a venir, pero me dice que tiene que cuidar de un familiar y no le va a ser posible, comentándome de paso el interés de Manolo Maraver en esta excursión y facilitándome su número de teléfono. Lo llamo, pero Manolo también tiene que cuidar de un familiar. Se lo digo personalmente a Fernando, pero este tiene que vigilar un examen, lo que le hace imposible venir. Me acuerdo de Raúl, que no sé por dónde anda. Últimamente este hombre está perdido, aunque supongo que por cuestiones de trabajo estará en el extranjero. Y por ultimo llamo a Jb - autentica liebre de campo- quien, después de una larga conversación telefónica, me dice que no lo ve claro.
Juan Miguel y Joaquín deciden que saldrán de Sevilla el viernes 14 por la mañana, con idea de dormir a más altura para así restarle al sábado esfuerzo en la subida, idea esta que sospecho venga de Joaquín. E idea equivocada, pues, al no ir en grupo con el resto de montañeros, se ve privado de un elemento clave: la fuerza que proporciona la propia unión del grupo, fuerza bastante superior que los 400 ó 500 metros de desnivel que vayan a ganar en altura.
Nos vemos, pues, Marcos, Julio, Carlos y yo el viernes 14 a las tres de la tarde en un restaurante-pizzería cercano a mi casa, donde, ya ilusionados, empezamos a disfrutar de nuestra excursión. Al café se nos incorpora Nani, mi actual mujer, deseándonos que nos lo pasemos bien y pidiendo a los montañeros más jóvenes que cuiden de su Bernardo. Con ello me sonrío y sigo igual de preocupado por la responsabilidad de que mis compañeros disfruten de la excursión.
Es en este momento cuando observo a mis tres compañeros de viaje:
Marcos representa una cierta espontaneidad unida a una fortaleza física que le permite abordar con ilusión este tipo de excursiones. Su amor a la naturaleza le viene dado, además, por su familia, reflejándose este amor en su buena disposición anímica, altamente recomendable para la aventura que ahora comenzamos.
Julio desprende serenidad y firmeza, además de unas indudables condiciones físicas, cualidades todas ellas que inspiran seguridad al grupo. Su participación en esta excursión es importante para todos por su compañerismo.
Y Carlos derrocha felicidad ante esta aventura que está comenzando. Se le nota ilusión por tener la posibilidad este año de participar en esta excursión, siendo él también una persona que me hace mucha ilusión que venga.
Más tarde de lo previsto, pero sabiendo que nadie nos espera en el Barranco de San Juan, iniciamos nuestro viaje en el coche que Nani nos ha dejado para la ocasión. Julio será el democráticamente elegido para conducir el coche. Durante el viaje, vamos sonrientes y divertidos, comentando tanto los preliminares de esta excursión, como las distintas posibilidades que en su transcurso se nos pueden presentar. Tanto es así que nos pasamos el desvío a Sierra Nevada, retrasando aun más nuestra llegada al punto de salida.
En el camino de Güejar Sierra al Barranco de San Juan pasamos por distintas ventas y decidimos que será en la última de ellas donde tomaremos una cerveza. Para nuestro pesar, no había nadie en la venta cuando llegamos al aparcamiento, así que nos quedamos sin la deseada cerveza como símbolo del comienzo de la excursión.
Bajamos del coche, nos cambiamos de ropa y nos repartimos el material. Enseño unas raquetas de nieve que, si bien nos podrían hacer falta, no tenía ningún sentido que solo uno de nosotros las llevara, por lo que decidimos dejarlas en el maletero del coche. Marcos y yo llevamos el piolet y los crampones; Julio y Carlos solo llevan los piolets que les he facilitado. A los que llevan móvil les facilito el número de teléfono del grupo de rescate de la Guardia Civil de Sierra Nevada, 958 185400, por lo que pueda pasar. Gracias a una pequeña báscula que llevo en el coche para la ocasión, pesamos las mochilas: la de menos peso es la de Carlos, creo recordar que pesa sobre 10 kilos, la mía 12 Kg, y las otras dos no lo recuerdo, pero no llegaban a los 15 kg ninguna. Me sonrío solo al pensar en mi etapa de juventud, cuando llevaba macutos de más de 25 kilos.
Una vez preparados y sin nadie a nuestro alrededor, decidimos inmortalizar el momento de la partida, para lo cual Julio prepara el dispositivo automático de su cámara de fotos y lo coloca encima del capó de un coche. Nos hacemos la foto, en la que aparecemos los cuatro, sonrientes y contentos por comenzar nuestra ansiada excursión de Sierra Nevada.

14 Viernes
Ya anocheciendo, sobre las diez de la noche y con nuestros macutos preparados, iniciamos la marcha. Observo el desvío del sendero Sulayr, recorrido integral de Sierra Nevada puesto en valor recientemente. Pasada media hora, pasamos por el viejo castaño (El Abuelo), al cabo de una hora pasamos por el desvío del Vadillo, comprobando que nuestro ritmo es el adecuado y el mismo desde hace cuarenta y un años que pasé por aquí por primera vez. Llega un momento en que la noche se nos echa encima y tenemos que colocarnos los frontales. Se observa que las aportaciones de agua que alimentan nuestro Genil traen bastante agua. Leo un cartel que señala “El Hornillo”, cartel que no recuerdo haber visto anteriormente. Llegamos al puente del río Guarnón sobre las doce de la noche. Allí paramos y cenamos, todos ofrecimos lo que traíamos y recuerdo especialmente la tortilla de patatas que trajo Julio. Dijo que la había hecho su madre y todos consideramos prudente comérnosla entera, no fuera que se estropeara para el día siguiente.
Después de nuestra breve cena, retomamos la marcha y, a lo bruto, nos salimos de la vereda de la Estrella buscando la veredilla que nos sube por la margen izquierda del río, senda que no encontramos y ni siquiera un sitio plano para pasar la noche. Es en este punto cuando buscamos alguna indicación luminosa, como señal de los dos compañeros que han salido con anterioridad a nosotros y que están por aquí, pero no conseguimos ver nada. Carlos le sugiere a Julio que suba por encima de unas piedras para ver si encuentra un lugar para pasar la noche. Marcos consulta el GPS y cree encontrar un sitio plano unos doscientos metros de desnivel sobre nuestra situación. Yo propongo dormir de cualquier manera. Julio decide bajar a la vereda de La Estrella y buscar un lugar cómodo para pasar la noche, decisión que sensatamente secundamos todos y, volviendo sobre nuestros pasos, decidimos pasar la noche en las ruinas de la antigua mina de la Estrella, para algunos el “Machupichu”.
Marcos se esconde en algún sitio, Carlos y Julio montan en paralelo sus aislantes y yo, a unos tres metros de ellos, tiendo mi aislante en dirección al Mulhacén. Metidos ya todos en nuestros sacos, vemos la infinidad de estrellas - incluyendo la Vía Láctea- que tenemos como techo. Comentamos entre los tres la belleza del cielo estrellado y al rato nos quedamos callados y nos empezamos a dormir.
Es en este momento, en el silencio de la noche, y con las estrellas como únicos testigos, cuando reflexiono sobre mi estado físico actual en comparación con mi estado del año pasado, cuando llegué agotado al final de la excursión. Ahora tengo ocho kilos menos, aunque no he tenido más remedio que usar mis pesadas botas, debido a la facilidad con que últimamente me doblo el tobillo derecho. Mis botas pesarán dos kilogramos y medio, y menos mal que tengo asegurado que no me dará ningún ataque de gota, ya que hace una semana he sustituido el Zyloric por el Colchimax. A pesar de todas las previsiones me molestan las piernas y es que esas dos horas que hemos perdido tontamente cargados, en pendiente y a oscuras, han dejado huella en mí, por lo que me refuerzo el propósito de seguir adelgazando hasta los 75 kilogramos, no solamente por salud, sino para poder realizar tantísimos proyectos montañeros que sería peligroso hacer con mi peso y análisis de sangre actuales.


15 Sábado
Con las primeras luces del día me despierto y, aunque me hago el remolón, me coloco la braga como antifaz y continúo, si no durmiendo, al menos descansando, ya que la jornada se prevé larga. Me pasa lo de siempre: no me he traído mi escupidera particular y las ganas de orinar hacen que me tenga que levantar para cumplir con esa necesidad y, ya que estamos, me aligero un poco de peso, porque el sitio que encuentro habiéndome alejado un poco es más que apropiado. Cuando termino busco dónde está durmiendo Marcos, pues el tío no dijo esta boca es mía y se acostó separadamente del resto. Lo encuentro en una ruina en la que quedan en pie tres paredes y el mismo techo que tuvimos nosotros, y lo llamo. Vuelvo entonces a donde están los demás, que ya están levantados y preparándose un desayuno. Yo desayuno una barrita energética por primera vez en mi vida y cuatro dátiles y por supuesto sucumbo ante el ofrecimiento de Carlos de tomar un café, café que acepto más que agradecido y me ratifico en mi deseo de que este amigo se apuntara a la excursión. Como no podía ser de otra manera, comentamos graciosamente sobre mis picos caducados como único alimento, y, riéndome yo el primero, hago una descripción del cargamento de alimentos que esta vez traigo. Estos se reducen a cuatro manzanas, cuatro barritas energéticas, cuatro bocadillos pequeños con pan de molde y un paquete de dátiles con hueso. Por supuesto recalco que está todo sin caducar.
Enseguida llegamos al puente sobre el rio Guarnón y allí comemos por segunda vez, más por aligerar peso de las mochilas que por necesidad. Al rato comenzamos a andar por la vereda de la Estrella y, poco después de donde comenzamos la noche anterior, se ve la veredilla que sube por la loma, señalizada por hitos y que discurre paralela y por la derecha del rio Guarnón. Aunque se pierde de vez en cuando, con un poco de intuición es fácil seguirla, a pesar de las ramas y arbustos que la tapan continuamente y comprendo ahora la dificultad de encontrarla y seguirla la noche anterior solo con la luz que nos facilitaban nuestros frontales. Comprobamos que la noche anterior apenas nos movimos del principio y por un canchal de rocas, apenándome por las dos horas que dedicamos a encontrar la vereda la noche anterior y que no sirvieron absolutamente para nada. La veredilla discurre junto al salvaje y bravío Guarnón, que baja en escasos cinco kilómetros desde el Corral del Veleta hasta el rio Genil con un desnivel de bastante más de mil metros. A medida que vamos ascendiendo observamos cómo la vegetación va cambiando y la veredilla se separa del rio, subiendo considerablemente, para salvar los barrancos que los arroyos han ido formando y, ya sobre los 1700 metros de altura, vemos que se pierde la vegetación, tan salvaje como difícil de salvar, encontrándonos entonces con una llanura cuesta arriba bastante cómoda para andar por ella.
Vemos a lo lejos a una persona que a mí me parece Joaquín y lo comento con mis compañeros. Solo Marcos reconoce su uniforme caqui de montaña y, efectivamente, al poco rato nos encontramos con Joaquín quien nos cuenta que ha llegado hasta los Chorreras Negras y que, a pesar de haber entrenado durante varios días con un macuto en Sevilla con ocho litros de agua, no se encuentra con fuerzas suficientes para terminar la aventura. A mí, que ya intuía que se quedaría atrás como en las dos ocasiones anteriores, me alegra que esto ocurra tan cerca de la vereda de la Estrella, y así no nos condiciona a ninguno de nosotros a tener que volver con él o a volvernos todos. Joaquín nos comenta que Juan Miguel está en una llanura delante de nosotros, lugar donde al parecer han pasado la noche, y que se acostaron sobre las diez de la noche. ¡Claro! ¡Cómo íbamos a ver luces la noche anterior, si cuando nosotros llegamos al Guarnón ellos ya llevaban dos horas durmiendo, o al menos tumbados, y con los frontales apagados!
Comenta Joaquín que se va a acercar a Cueva Secreta y que nos esperará en la venta del Barranco de San Juan. Aprovecho la ocasión para pedirle los crampones que él no va a usar y que a nosotros nos van a venir de maravilla. Nos los deja y nos desea suerte en nuestra aventura.
Al momento nos encontramos con Juan Miguel. No sé la hora que sería, pero seguro que bastante más tarde de la programada. Bueno, ya está el grupo totalmente definido, y como entre todos nos conocemos de otras excursiones, pasamos de presentaciones. Es entonces cuando le comento a Juan Miguel que Nani lo conoce de cuando tenía chupete y me contesta escuetamente que eso no es posible, ya que él es mayor que Nani. Efectivamente es unos meses mayor que Nani, pero aclaramos que más bien se conocían los padres de ambos. Me llama la atención una especie de tirita que tiene pagada a la nariz y le pregunto sobre ella, más por hablar que por curiosidad, a lo me contesta escuetamente que se trata de un medio para respirar mejor. Acabada esta breve conversación, continuamos tranquilamente nuestro bien marcada veredilla.
Juan Miguel es la persona más seria y más callada que me he encontrado en la vida, pero ya tiene en su currículum haber subido el año anterior a La Alcazaba, lo que para mí es todo un titulo y aunque ha empezado ya pasados los cuarenta a ir a la montaña, tiene ese espíritu de sacrificio tan necesario hoy día para iniciar cualquier tipo de aventura y, aunque hable poco y ni siquiera lo veas, sabes que está ahí para lo que haga falta.
Conforme vamos avanzando, vemos un sendero que, discurriendo por la loma de enfrente, va hacia nuestra izquierda, llegando justo hasta el rio. Al ir nosotros subiendo y el sendero bajando, lo divisamos con toda claridad: debe ser el sendero que vi que salía en dirección a los Cortijos del Hornillo, desde la vereda de la Estrella. Ese sendero hace veinte años no existía o al menos no estaba tan bien marcado, se ve estupendo, sobre todo si lo comparamos con el camino por el que venimos. Me arrepiento con toda mi alma de no haberlo cogido la noche anterior, pero, claro, no lo conocía y -ya se sabe- más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. De todas maneras me alegra mucho haberlo visto, pues se amplían así bastante los posibles circuitos cerrados que pueden hacerse desde el barranco de San Juan, e incluso puede tomarse este camino como posible vuelta para nosotros si el estado de la nieve nos impide seguir avanzando.
El estado de la nieve es nuestra gran incógnita. Desde luego que no la podíamos resolver desde Sevilla sentados en un sillón con internet, ni con teléfono. A nosotros ya nos queda poco para resolverla: hay bastante nieve, vamos, que toda la subida tendrá nieve, por lo cual, si la nieve esta “pisable” o “cramponable” será mejor; si no, puede ser toda una pesadilla. Pienso también en el mayor problema que se nos puede presentar, que es el de los huecos bajo la nieve, sobre todo sobre los arroyos, que se ve cómo desaparecen en la nieve cuando bajan por los acantilados verticales de roca. Afortunadamente no ha hecho por aquí mucho calor y el grosor de la capa de nieve se supone grande. Cualquiera sabe que la nieve se derrite por debajo, la que está en contacto con la tierra, dejando unos huecos que se pueden tragar a una persona. Este es el mayor problema que veo, pero viendo el grupo que vamos - todos con piolets - no será problema sacar a un compañero de un agujero, si este incidente se produjera. Llama la atención la limpieza y la blancura de la nieve, señal de que no hay ninguna placa de hielo. Por todo el barranco se ve que no ha pasado nadie desde que nevó por última vez, ni siquiera se ven huellas de cabras. Tan solo en una pala de nieve bajo los Machos, se ve un desprendimiento de un trozo de nieve que ha rodado, por lo que vamos a ser los primeros en pasar por allí, digamos, en esta temporada de verano.
Juan Miguel comenta que en el track que tiene su GPS la vereda va por la izquierda del río, aguas abajo, y la veredilla que traíamos hace tiempo que se perdió, así que nos decidimos a pasar el rio. Un poco antes de lo que habíamos pensado y justo al final de la vereda que viene de los Cortijos del Hornillo, había un puente, pero ya es tarde para volver a él, pues habría que retroceder mucho. Lo que parecía un río se convierte en al menos cuatro arroyuelos, todos ellos con bastante agua. En realidad es mejor así, pues si toda el agua fuera por un solo sitio, nos tendríamos que descalzar para pasarlo. Así pues, cada uno pasa estos arroyuelos como puede, a su manera y cada uno por un sitio distinto. Nos reunimos y comemos algo una vez pasado el río. No sé la hora que es, la pregunto y resulta que ya son las dos: vamos muy retrasados pero, muy animados, continuamos con nuestra marcha por otro sendero que me encuentro (bueno, en realidad, sigo los hitos que me voy encontrando). Mis compañeros caminan pegados al río y suben en línea recta, así que de vez en cuando los adelanto, ellos me adelantan a mí y así sucesivamente.
En la fuerte y empinada subida al tercer y último vasar y ya en la parte alta del mismo, nos encontramos todos y le indico a Marcos que suba en dirección al Canuto del Veleta y que, haciendo un zigzag, tire para el collado de los Machos con el Zacatín. De esta manera subiremos por una pendiente más suave. Julio, que también podría ir el primero, observo que no quiere separarse mucho de Carlos; Juan Miguel sube en solitario y yo, el último de todos, como siempre.
Hasta que por fin llegamos a una gran mancha de nieve justo en nuestro camino; comento que, si no podemos subir por la razón que sea, podemos practicar un poco las caídas y, en definitiva, jugar con la nieve y volvernos por la nueva vereda, que creo que es la que viene de los Cortijos del Hornillo. Al momento recuerdo la frase de la madre de Marcos: “Niño, tú que tiene buenas piernas, ve a por esto”.
¡Qué barbaridad, coño! ¡Cómo coge el niño el camino hacia arriba, evitando cualquier intento de retirada por mi parte, incluso cualquier sugerencia por parte de nadie! Así que, con Marcos a la cabeza; Julio y Juan Miguel detrás; Carlos pisando la huella de los demás - es el único que no tiene crampones - y yo el último, más debida esta posición a mi lentitud que al hecho de ser yo mismo el encargado de cerrar el grupo, continuamos la subida. No me ha dado tiempo de sugerirle a Marcos cómo avanzar, pero veo que va clavando el piolet y este profundiza una cuarta. La nieve está bien, es nieve guapa. Yo le hubiera dicho a Marcos que es mucho mejor hincar un bastón sin la roseta y ver de esta manera la resistencia que ofrece, pero no he tenido tiempo. Al principio Marcos va pisando la nieve buscando las rocas que sobresalen como si fueran refugios. No me he dado cuenta de cuándo se han puesto mis compañeros los crampones, yo me los pongo en las primeras rocas que piso. Despejada la incógnita, la nieve es nieve “pisable - yo la he bautizado como nieve guapa-, de manera que, como este así todo el camino, tenemos asegurado el éxito de la excursión, vamos, es que no habrá ni que tener el piolet a mano por si caes, sino que será suficiente para detenerse simplemente el ponerte en cruz. La nieve cada vez me parece más guapa, pienso en la barrita energética que me tomé por la mañana temprano y en sus efectos alucinógenos. Me está haciendo efecto ahora, pero me siento contento de estar aquí y, aunque solo veo a mis compañeros cuando las condiciones orográficas me lo permiten, por su andar, recto, sin vacilaciones y derechito al Corral del Veleta, pienso que van contentos y alegrándose de haber participado en mi ya conocida excursión por Sierra Nevada del mes de junio, lo cual me llena de satisfacción.
Tengo unas vistas estupendas de todo el corral del Veleta: se ve perfectamente el paso que desde las posiciones del Veleta baja hasta el corral. Intuyo que habrán puesto pasamanos y todo. La vista que tiene el Veleta es impresionante: están al descubierto todas las vías de escalada en roca que tiene y sobre todo el canuto que sube entre el Salón y el Veleta. Desde aquí la subida del canuto me parece fácil: el Campanario, el Zacatín y el collado por el que pretendemos subir, y finalmente los Machos, nuestro objetivo. Curiosamente se le llama así a este cerro por haberse visto muchas veces los solitarios machos de cabra por su cumbre y sus laderas, no porque haya de ser uno muy macho para subirlo. Precisamente su pico no se ve, pero sí su impresionante y ancha pala de subida y un montón de tajos que forman la cara norte de los Machos. El cerro de los Machos visto desde este sitio no tiene nada que ver con lo que se ve desde el carril que atraviesa la sierra, pues desde aquí es un impresionante macizo. Recuerdo la primera vez que subí a él: desde el carril que atraviesa la sierra, sale una vereda muy aérea que acaba en un canuto que tiene el cerro a la izquierda por su cara Norte. En aquel tiempo yo no sabía nada de nada, pero era joven. Ahora veo una los primeros cien metros de desnivel suponen una trepada de cuarto grado, y una de grado tres hasta el final. No siendo esta una montaña picuda, sabes que estás en el pico por el montón de piedras que suele haber. Curiosamente, la Sociedad de Amigos de Sierra Nevada tenía colocados en todos los picos de la sierra un buzón, como el de las cartas, en el que los montañeros, cuando subían, recogían la nota que había y dejaban una nota suya. La nota que habían recogido la enviaban por correo al depositario, certificando así su subida al pico. En fin, romanticismo de la montaña que desgraciadamente se está perdiendo: seguro que ya no hay ningún buzón, pero seguro, al menos yo solo lo vi la primera vez que subí. La verdad es que Sierra Nevada me trae muchos recuerdos, muchísimos…
En pleno Corral del Veleta y en un canchal de piedras pizarrosas, como toda la sierra, veo que mis compañeros se han reagrupado. Cuando llego a ellos, me advierten de un poco de hielo que se ha formado justo al final de la nieve, lo cual no lo considero un problema, pues no tiene siquiera un metro de ancho y es salvable por varios puntos. Haciéndome la ilusión de que tengo algún poder de mando, les indico que la mejor manera de subir será acercándonos al principio del canuto del Veleta y desde allí, ya con menor pendiente, subir hasta el collado. No he terminado mi exposición cuando veo que Marcos ya está enfilando recto a la cumbre por la máxima pendiente. ¡Coño! , este tío me va a reventar.
En un abrir y cerrar de ojos ya están mis compañeros alineados y emprendiendo la subida, así que yo, de nuevo, el último, como casi siempre desde el principio. No me quiero reventar en la subida, por lo que decido hacer los zigzag por mi cuenta, pero pronto me doy cuenta de que abrir camino es más cansado que seguir las huellas bien marcadas de mis compañeros, por lo que enseguida vuelvo sobre ellas y cambio de estrategia: subiré despacio como un viejo – como si pudiera hacerlo de otra forma - para llegar como un niño (¡sí, hombre, cuando llegue voy a hacer la primera comunión!). La pendiente es fuerte, calculo que será de unos cuarenta o cuarenta y cinco grados aproximadamente, y tiene una buena caída, pero el estado de la nieve es estupendo, es nieve guapa, y ni siquiera saco el piolet, sigo con los bastones que me ayudan bastante a subir. La pala es larga y aun veo a todos mis compañeros enfilados hacia la cumbre. Aunque esta está más a la izquierda, la verdad es que tengo el privilegio de subir por auténticos escalones. e vez en cuando me paro y miro hacia arriba, solo miro hacia arriba y tengo que echar la cabeza bastante hacia atrás, no se me ocurre mirar hacia ningún lado. En las paradas que hago veo como cada vez hay menos compañeros en la subida, hasta que en una de ellas me veo solo, auténticamente sólo, bueno, sé que no estoy solo, pues ellos, mis compañeros, están por ahí arriba. Me da igual: siempre me ha gustado ir solo y a mi aire, incluso no me importaría tener que pasar la noche aquí mismo, haría una repisa en la nieve y me aseguraría con el piolet para dormir, tengo de todo, a saber: cama, luz, comida e incluso mi mesita de noche, todo ello en el macuto, solo me falta la cocina y mi cuarto de baño particular, pero últimamente no los uso, pues salgo poco. Me estoy volviendo comodón ¡el año pasado incluso fui una vez a la playa!
Subo despacio -quizás demasiado - para no llegar hecho polvo. Ensimismado en mis pensamientos y sin darme cuenta, llego encima de la pala de nieve y veo a dos de mis compañeros, aunque no distingo quienes son (supongo que uno de ellos es Carlos). Estos dos compañeros aun no han llegado a la cumbre, supongo que el resto sí. Me quito los crampones y los recojo para tenerlos a mano, pues ya casi todo el camino es un pedregal pizarroso. Veo el final de la pala de nieve, que la hemos dejado bastante a la derecha. Claro, hemos subido por lo más inclinado y más cerca en distancia, aunque no sé en tiempo. La pendiente ya se suaviza mucho y me encuentro con una especie de ventisquero, que está llano, y dudo ahora si ponerme los crampones o darle la vuelta, pero ¡qué coños!, ¡si me han dejado una hilada de huellas estupenda! Además la nieve está estupenda, sigue siendo guapa y para mayor colmo no hay posibilidades de caída, así que la enfilo, paso por ella y, ya mucho más rápido que en todo el camino, incluso casi corriendo, me dirijo a donde supongo que está la deseada cumbre. Aun no he llegado a ella y ya pienso en la bajada: tengo la sospecha de que no va a ser fácil, debería de verse algo el carril que atraviesa la sierra y no se ve absolutamente nada, ni señales de camino y ¡mira que este es largo y ancho!
Por fin veo a tres de mis compañeros parados y sin macuto. Por fin he llegado, me dirijo a ellos y los encuentro a todos al lado de un montón de piedras. No hay ni rastro de ningún buzón, cosa que ya se sabía. No me encuentro cansado (¡claro, he venido pisando huevos todo el camino!), pero me paro, me siento y como algo, que no recuerdo ahora qué fue, pero me acuerdo perfectamente que acabo con el resto de agua que tenía y que Julio me ofrece algo de comer . Yo solo tengo dátiles y barritas energéticas (tres, para más detalles), pero no pienso tocarlas. Recuerdo sus efectos alucinógenos, así que esperaré a que se caduquen y las llevaré a las excursiones para ofrecérselas a los demás. No he perdido lo más mínimo las ganas de cachondeo, incluso diría que las tengo acentuadas.
En el macuto llevo mi banderín del CLUDIIS, así que lo saco y Carlos prepara un lugar para poner su cámara en automático. La coloca y nos enfoca mientras nosotros nos preparamos para la foto de grupo con el banderín del club. Tengo interés en que lo agarremos entre los cinco, pero a Carlos no le va a llegar el brazo. Este le da al botón de la cámara, corre a su lugar y vemos cómo la lucecita roja se enciende intermitentemente, cada vez más rápido, y ¡CLIC! Ya estamos inmortalizados. Me imagino a nuestros nietos -por ahora, solo Juan Miguel es abuelo- aguantando pacientemente el rollo de la subida al Cerro de los Machos que el pesado del abuelo les contará.
En la foto estamos Juan Miguel, Marcos, un servidor, Julio y Carlos, todos sonrientes y alegres; incluso Juan Miguel esta sonriente; yo tengo una cara mezcla de satisfecho, cansado, preocupado y, cómo no, alegre (y lo describo sin mirar la foto, solo por lo que recuerdo); los tres benjamines del grupo están radiantes de felicidad. Les vendería todo mi viejo material de montaña (el que aún conservo, pues presté varias cosas y aún no me las han devuelto) por el precio que yo quisiera. A mí, que me han preguntado la edad, me la han recordado. Hago entonces una pequeña encuesta para ver quién es el más joven. Yo creía que Julio, que tiene 38 años, era el más joven, pero resulta que Carlos solo tiene 36 años (aun le faltaban cinco años para nacer, cuando yo empecé a “andurrear” por esta sierra). Le entrego el banderín a Carlos con el compromiso de que lo ponga más alto. Supongo que serán las ocho de la tarde más o menos. Solo tenemos dos horas de luz y nos preparamos para bajar.
Empezamos a bajar y lo hacemos sin crampones, pues la nieve sigue siendo nieve guapa. Sé que tenemos que bajar hacia la derecha. Aun recuerdo el “marrón” en que me metí cuando hace bastantes años intenté en solitario bajar a sangre, derecho hacia el carril: hube de quitarme el macuto varias veces y bajarlo con una improvisada cuerda de cuatro metros, para después bajar entre des trepando y escalando pequeños, pero numerosos tramos. Me acerqué ahora blo más que pude para contemplar bien la bajada y, andando hacia la derecha, me introduje en una pala de nieve horizontal en su principio. En dirección al Zacatín, vamos todos con los piolets en posición de caída, sin crampones, pues estos no hacen falta, hasta que diviso una bajada y empiezo a bajar clavando tacones y con el tobillo inclinado para graduar la longitud del paso. Sigue siendo nieve guapa y es un placer bajar con esta nieve, consigo pasos de casi dos metros. Además, esta vez voy el primero, no quiero bajar más rápido para disfrutar más de la bajada. Veo al final unas huellas por donde supongo que discurre el carril, y es que los caminos con nieve no son los mismos que sin nieve. Las huellas se convierten en mi objetivo, pero aparece un canchal de piedras que no solo me interrumpe el paso, sino en el que, en su zona final, se intuye una caída, así que disminuyo la velocidad, sí he dicho velocidad, pues voy “echando leches” y parece que yendo hacia la izquierda, desaparece el canchal. Así que, a pesar de mis recuerdos, me dirijo hacia la izquierda, por donde aumenta un poco la pendiente de bajada, pero se ve que continua la nieve hasta las mismas huellas, pedazo de nieve guapa, me dan ganas de abrazarla, pero, en lugar de ello, me quito el macuto y me siento sobre él, y miro hacia atrás por primera vez. Joder, la pendiente se las trae: calculo que sobre cuarenta y cinco o cincuenta grados, igual o más que la de subida a los Machos. Tras de mí viene Juan Miguel, andando recto y mirando hacia delante - sabe bajar - y a bastante distancia los tres benjamines, encorvados y andando de lado. Bueno, ¡ya aprenderán!, tienen tiempo por delante. Le indico a Juan Miguel, que ya está a unos veinte metros de mí, que los fotografíe, pues ellos no van a entretenerse en tirar fotos. Al tiempo llegan al carril y nos reunimos todos, como siempre alegres, contentos y tranquilos, pues ya sabemos que no tendremos ninguna sorpresa y empezamos a andar siguiendo las huellas del camino. Estas discurren por distinto lugar al del carril. Aun es de día y, con nieve, en media hora deberíamos llegar al paso que da vista a la otra parte de la sierra, y de allí, en una hora más, al Albergue Universitario. La nieve sigue siendo guapa y nos permitirá ir rectos hacia el albergue, aunque, eso sí, llegaremos ya de noche. Lo malo es que parece ser que las personas que lo explotan ahora no son muy amables. Ya en una ocasión, en verano como ahora, no me abrieron la puerta y eso que llegué sobre las diez de la noche.
Vemos que cae agua del deshielo justo por donde tenemos que pasar. A mí me falta agua desde la cumbre, donde agoté mis reservas, así que, aun sabiendo que no es bueno, bebo agua y por si fuera poco, Carlos, con un jarrillo de lata, me llena la botella y Marcos me ofrece pastillas potabilizadoras que acepto. Llegamos a donde empieza la subida y se ven unas huellas muy bien marcadas que van en dirección al collado. Llegando al final del collado se ve que tiene una buena pendiente. En este punto nos ponemos los crampones y empezamos a subir. Como siempre me quedo en el último lugar, pero voy bien, francamente muy bien. Reconozco que estoy cruzando el carril y decido desviarme por él. Me quito los crampones, pues no los considero necesarios y avanzo rápidamente, pero, como no gano altura, decido ir a buscar otras huellas distintas de las de mis compañeros que también llegan al collado. Hay una buena pendiente, mis compañeros están visibles otra vez y llegarán antes que yo al collado. Al cabo de un rato llego a él y me llevo la sorpresa de que estamos en el Refugio-vivac de la Carigüela del Veleta. Julio y Carlos permanecen fuera, sorprendidos de ver el refugio enterrado casi entero y con un agujero en el suelo que hace la función de entrada. No hay que decidir nada sobre si continuamos hacia el albergue o nos quedamos en el refugio: tanto Marcos como Juan Miguel ya están dentro y hay sitio para uno más de nosotros. Carlos pide ese sitio para él.
Antes de entrar al refugio me alejo hacia unas piedras a orinar y compruebo que estoy deshidratado (¡ojo, no para morirme!), pero orino amarillo, no debí beber agua del deshielo. Cuando entro al refugio veo, huelo y escucho, no gustándome nada de lo que veo, huelo y escucho. Estoy seguro de que dormiría mejor fuera, pero decido quedarme y aguantarme con lo que hay.
Cenamos algo y, como siempre, Julio es una caja de sorpresas: esta vez me obsequia con unos trozos de queso viejo buenísimos, que hacen que me olvide de mis dátiles y, por supuesto, de mis barritas energéticas. El suelo del refugio esta mojado, así que Julio se pide la mesa para dormir y yo, me quedo en el mismo banco que estoy sentado, aparto unos chismes de no sé quién y saco mi saco - ¡qué gracioso!, saco mi saco - de dormir. Como la pared chorrea agua en forma de gotas, bastante agua, además, me introduzco también en mi funda de vivac y, ya tumbado, miro al techo y me acuerdo de la noche estrellada anterior. En fin vamos a intentar dormir…

16 Domingo
No sé el tiempo que llevaré dormido. Acabo de despertarme con los pies mojados, y es que el agua que chorrea por la pared ha formado un charco bajo mis pies. Todo está oscuro, a excepción de un pequeño resplandor que proviene del hueco de entrada al refugio. Me doy cuenta de que han quitado la escalera de salida y de que sería un follón salir de mi prisión - más que cubículo - , por lo que decido darme media vuelta e intentar seguir durmiendo. Doy todavía muchas más medias vueltas y de vez en cuando encojo los pies para evitar mojarme. Afortunadamente no tengo muchas ganas de orinar y puedo seguir tumbado, si no durmiendo, sí al menos descansando. El resplandor aumenta y la gente empieza a moverse. Me alegro, pues tengo ganas de salir de allí. Me sorprende ver en las maderas de arriba un perro. Que yo sepa, los perros no deben tener prioridad, pero allí estaba el animal. Entre doce personas ocupaban el espacio de dieciocho. Julio ya ha dejado la mesa libre; los tres que han dormido apretados en un rincón ya han bajado y yo ya estoy listo. Desayunamos algo (no me acuerdo que tomo), y dejo mis dátiles listos para ir tomándomelos durante la bajada.
Ya fuera del refugio, Marcos comenta que no había un perro, sino dos, y sin más comentarios, bajamos al carril que nos llevará a la Hoya de la Mora, que por esta parte está bien visible y sin nieve en su principio. No creemos necesario ponernos los crampones y comenzamos a caminar. Tengo la boca totalmente seca.
Camino el primero, me salgo del carril siguiendo unas huellas que van en dirección a la Hoya de la Mora y las sigo, aunque, al cabo de un tiempo, veo que las huellas me han llevado por la ladera derecha y no se ve el Albergue Universitario. De manera que dejo de seguir esas huellas y subo un poco hasta colocarme en la ladera correcta. Desde aquí se ve perfectamente el albergue, y voy derecho, pisando nieve virgen, pero igual de guapa que hasta ahora.
Nos hacemos varias fotos bajando, con el Veleta al fondo, y, sin darnos cuenta, se acaba la nieve. Seguimos ahora ya la vereda que baja recta desde el Veleta hasta el albergue y pasamos justo por donde está la Virgen de la Nieves. En este momento recuerdo una foto en la que está mi hermano mayor con un amigo, abrazando ambos a la Virgen, uno a cada lado de la imagen. Entonces la Virgen estaba en el mismo pico del Veleta, allá por los años sesenta. Con aquella foto, el escuchar a mi hermano que había subido al cerro del caballo con la Sociedad de Amigos de Sierra Nevada y las vistas que desde distintas calles de Graná se veían de la sierra, se encendió en mí un deseo inmenso de subir a ella. Yo tenía nueve años y ya deseaba subir a la sierra, deseo que tardó doce años en cumplirse. Me acuerdo también de mi madre, tan religiosa, y de lo que le gustaba aquella foto, por un motivo diferente al mío. Pregunto a mis compañeros si sus madres son religiosas y, sin esperar repuesta, propongo que todos nos hagamos una foto al pie de la Virgen. No sé quién de nosotros entrega la máquina a unas personas que suben y que nos hacen la foto.
Llegamos a la Hoya de la Mora en una hora aproximadamente y nos dirigimos directamente a un “chiringuito” de los que hay por allí, con la intención de desayunar en condiciones. Insisto en que lo hagamos fuera, aun recuerdo la prisión de la noche. Con nuestra ayuda el encargado del kiosko nos prepara una mesa con cinco sillas y pedimos el desayuno: Marcos y Julio, Cola- cao; Juan Miguel y Carlos, café con leche, compartiendo entre los cuatro las dos únicas tostadas que el dueño del kiosko puede ofrecernos en ese momento; y yo, cómo no, tenía que dar la nota: un tercio de cerveza Alhambra, pues tengo la boca totalmente seca. Durante el desayuno comento con mis compañeros la idea que venía fraguando en mi mente según íbamos bajando, que no es otra, sino la de buscar una alternativa para bajar al Barranco de San Juan, donde tenemos los coches. Me alegro de que en esta ocasión Marcos, no solamente no salga disparado hacia abajo, sino que incluso vea bien esta idea. Carlos también la ve bien; Julio y Juan Miguel deciden cumplir el programa. Yo, para justificarme, comparo el momento actual de la excursión con el momento en que uno termina de hacer el amor con tu pareja, cuando te apetece quedarte tranquilo en la cama y no tener que cambiar las sábanas a toda prisa, hacer la cama, limpiar la casa… Pues eso, que estoy muy “a gustico” y no me apetece pegarme una paliza hasta los coches, que acabe con mi estado físico, pues hasta ahora estoy bien. Barajamos ahora distintas posibilidades. Finalmente, Julio y Juan Miguel empiezan la bajada y nosotros nos vamos al albergue, donde nos informaremos bien de lo que tenemos que hacer.
De las personas que trabajan en el albergue tenemos la idea de que son un poco “mala follá”, en expresión granaína. Me dirijo directamente al bar y tomamos cerveza, nos atiende un hombre joven. Le comento que queremos ir al Barranco de San Juan y le pregunto sobre la posibilidad de que nos lleve un taxi. El hombre llama por teléfono y consulta a otra persona allí mismo, en el albergue. Cuando vuelve, nos dice que un taxi tiene que venir de Graná y nos cuesta setenta y dos euros, pero que él nos lleva en la furgoneta por cincuenta. Ni lo dudamos, pedimos más cervezas y nos ponemos a charlar. Resulta que el hombre se llama Manolo, es de Dos Hermanas y aparejador, pero que con esto de la crisis y debido a su afición a la montaña, trabaja como camarero en el albergue, y también es guía internacional, de ski y de montaña. Resulta también que Marcos conoce a un compañero de Manolo de algún trabajo en el que ambos han coincidido, y así se entabla una agradable conversación, hasta que nuestro amable conductor nos indica que ya podemos partir. No he visto la “mala follá” por ningún lado.

Manolo conduce la furgoneta y entre todos seguimos con nuestra animada conversación. Veo que se pasa de largo el Centro de Interpretación El Dornajo y Manolo comenta que es que la carretera está muy mal y tardaremos menos llegando a Cenes de la Vega. No estoy de acuerdo, pero no comento nada. Nosotros pagaremos los cincuenta euros pactados.
Bueno, pues esta excursión se está terminando y, como en todas las excursiones cuando terminan, te quedas con la tristeza de que lo bueno se ha acabado, pero no importa: la tristeza se nos quita rápidamente nada más pensar en los proyectos de excursiones nuevas que salen a raíz de esta, como por ejemplo, subir al cerro de los Machos desde el Barranco de San Juan, pero pasando por la vereda que va a los Cortijos del Hornillo; salir del barranco de San Juan por la vereda de la Estrella y, desviándote por el Vadillo, subir a la Cucaracha para, desde el refugio, ir por la vereda y bajar a la confluencia del Valdecasillas y Valdeinfierno, lo que se conoce como Entreríos, bajar otra vez por la vereda de la Estrella y llegar al rio Guarnón y, subiendo por la veredilla hasta las Chorreras Negras, coger la vereda que va a los Cortijos del Hornillo y volver al Barranco de San Juan por la vereda de la Estrella.
También hacen olvidar esta sensación de tristeza las posibilidades que se te abren, conociendo a las personas o a sus intenciones: como Marcos, que está deseando subir el canuto del Veleta (¡y yo sin saberlo!); o formar un grupo de cinco y viajar con Manolo y la furgoneta a Suiza para subir al Cervino; más un sinfín de posibilidades que comentamos como próximos y futuros proyectos y así hasta que llegamos al barranco y nos despedimos, no sin antes intercambiarnos los teléfonos.
En el barranco nos espera y felicita de uno en uno Joaquín. Ya estamos sentados en la mesa reservada para nosotros por Joaquín y con la primera cerveza en la mano, cuando aparecen Julio y Juan Miguel a quienes, también individualmente, felicita Joaquín. En pleno disfrute de las cervezas, cuando el camarero nos pregunta qué vamos a tomar, Juan Miguel, Marcos, Julio, Carlos y yo, sin mirarnos y con la sincronización de un coro, gritamos al unísono: ¡CINCO PLATOS ALPUJARREÑOS!

Sevilla, 23 de julio del 2013
Bernardo Muñoz
Nota: Nani, muchas gracias por ayudarme a expresar por escrito lo que tan claro tengo en la cabeza, aparte de por las correcciones ortográficas y la censura sexólogica.


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 Asunto: Re: Excursion a Sierra Nevada. Subida al Cerro de los Machos
NotaPublicado: Mar Jul 23, 2013 7:44 pm 
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Bernardo y Nani, muchas gracias por el esfuerzo literario.

Cuando vi la extensión me dio un escalofrío, pero empecé a leerlo y me ha enganchado (lo siento por los de letras); ayuda ser uno de los protas, claro está, aunque sea el mas "callao" del grupo, y cuando me piden sonrisa para foto, la intento, pero solo consigo torcer la boca (eso lo que hay).

Pues dicho queda, ahora a remojarse para estar fresquito (otros se van a sur o norte del continente americano) y hasta septiembre !!!!


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 Asunto: Re: Excursion a Sierra Nevada. Subida al Cerro de los Machos
NotaPublicado: Mar Jul 23, 2013 8:30 pm 
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Registrado: Mié Mar 15, 2006 1:48 am
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¡Qué bonito Bernardo! Muchísimas gracias :-* :-* Todo lo que has dicho es verdad menos donde no salgo parecido a Brad Pitt, por cierto.

Ah, y gracias a Nani por proveernos de transporte, que no se lo he dicho todavía ;-)

_________________
Hay dos cosas que no soporto: Una de ellas es la mala memoria, y la otra no la recuerdo.


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 Asunto: Re: Excursion a Sierra Nevada. Subida al Cerro de los Machos
NotaPublicado: Mié Jul 24, 2013 1:08 am 
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Registrado: Mié Ene 20, 2010 12:01 am
Mensajes: 32
chapó por el relato, chapó por el concepto y chapó por mantener el espíritu montañero vivo.
un abrazo a toda la familia montañera


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